sábado, 27 de febrero de 2010

Carta abierta.

Apareció aquella mañana tan gris como el propio gris pueda serlo.
Para sus ojos, los colores explosionaban sobre el horizonte plomizo.
Miro a través del ventanal y difuminó su sentir con aquel paisaje, entretejiendo realidad con ensoñación.
Tomo asiento frente a aquella hoja de papel, asió su estilográfica y escribió...

Mi querida, querida mía:




Rubricó la carta, la introdujo en un sobre y escribió en su anverso...

Para ti