jueves, 30 de diciembre de 2010

Y fue que...


Y fue que... aquel día de ennegrecida textura, cuando mas oscura se terciaba la mañana, asomó la luz trémula de unos pasos enraizados en un tiempo no perdido.

Y fue que... los cúmulos de errores, los pasos perdidos, los llantos ahogados y las palabras calladas afloraron, en aquel día de ennegrecida textura, para perderse en un tiempo que ya no les corresponde, para salir de una tierra que ya no es la suya, de un cuerpo que ya no les pertenece.

Y fue que... aquella luz trémula se fue acercando desde una lejanía inmensa, desde un océano infinito, con paso firme, determinado. Se fue acercando despacio, con la tranquilidad del paseo dado en la orilla de un mar bravío, se fue acercando iluminando aquel triste paraje de plomizas nubes, de herrumbrosa tierra.

Y fue que... los dias de irritante luz grisácea, los días de tiempo perdido por nada, esos días que por no poder no se puede, dias diáfanos, planos... esos días comenzaron a tener volumen, se fueron llenando de altiplanos, crecieron cerros, colorearon llanuras...

Y fue que... allí estás, mi luz trémula, irradiando cuando miras hacia la voz que te llama. Es en esa lejanía donde comienza lo cercano, donde los kilómetros son besos y las millas caricias.

Y fue que... es este ensueño el que ilumina los días de un hombre de traje gris, que encontró en su cartera un almanaque... en el que sí esta el més de abril.