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jueves, 14 de febrero de 2008

El Mundo Submarino (El Tesoro del Río Real)


Dos tubos respiradores surcan la superficie del agua; trazan zetas sistemáticas siguiendo un camino previamente trazado y estudiado. De vez en cuando, uno de los tubos desaparece bajo las aguas para reaparecer, un poco más allá, tras un breve espacio de tiempo.

La singladura de los dos tubos se hace monótona hasta que, uno de ellos, desaparece bajo del agua y al cabo, reaparece soltando un pequeño surtidor y se dirige, con rapidez, hacia la orilla.

Una vez en la orilla, una mano sale del agua para entregar, a la joven científica un pieza del preciado Tesoro. La joven limpia de algas, con profesional cuidado, la pieza y la deposita en el recipiente especialmente diseñado para albergar tan delicadas joyas.

El submarinista regresa a su planificada búsqueda, uniéndose a su compañero hace el gesto con los dedos correspondiente al OK.

Los dos continúan zigzagueando hasta que, en un momento dado, uno de ellos llama la atención de su camarada y señala, con su dedo índice, una zona poblada de algas en la que asoman unas cuantas piezas, en tonos marfil.

El continuo chapoteo de las cuatro aletas delata la febril actividad, continuamente surgen pequeños surtidores y vuelta a sumergirse. Han dado con el filón, en unos minutos se hacen con 6 piezas.

Uno de los submarinistas, se dirige a la orilla con las joyas recogidas del fondo y nuevamente lo entrega, sin salir del agua, a la joven científica y sin descanso, regresa al lugar del agua en que su compañero sigue zambulléndose. Son alrededor de 25 las piezas descubiertas.

El Sol, en pleno zenit, marca el fin de la búsqueda. Los dos submarinistas nadan relajados a la orilla en la que les espera un buen almuerzo, un merecido descanso y una alegre tarde de playa.

Fin del capítulo 20




Títulos de crédito

Escenario

Año 1.969

Margen derecho de la desembocadura del río Real en San Pedro de Alcántara (Málaga)
Profundidad máxima 1,60 metros


Equipo de J. Cousteau


Joven científica - La Sheli (5 años)

Submarinista 1 - Tril456 (10 años)
Submarinista 2 - Ray (12 años)


Recipiente especial

Cestita de rejilla en plástico de color celeste



Piezas del Tesoro

Pelotas de golf



domingo, 13 de enero de 2008

La Doctrina

Estos recortes muestran la doctrina a seguir por las mujeres en la dictadura franquista. En alguna de las imágenes tendréis que clicar para poder ver mejor los textos.

Los ideólogos e ideólogas de la Sección Femenina de la Falange Española no dejaban resquicio alguno en sus "enseñanzas", aconsejaban qué ropa llevar según en que situación social...Estaban enormemente preocupados por la educación física de las mujeres...
Facilitaban la forma más efectiva para que, las mujeres españolas, fortaleciesen su personalidad y su autoestima...


Sus más altas representantes, en este caso Pilar Primo de Rivera, tenían muy claro que las mujeres tendrían un papel esencial en el levantamiento de la Patria...
La "Santa Madre Iglesia" se comprometió con especial interés en apoyar, salvaguardar, enriquecer, proteger e instruir a las mujeres...

Su meta fue la de abarcar todos los aspectos de la vida cotidiana de una mujer, incluyendo la cultura, una de las principales asignaturas del bachillerato fue la de Economía Doméstica, en la que se esforzaron por enseñar muy didácticamente los "truquillos caseros"...




viernes, 11 de enero de 2008

Acoso infantil o ¿Me dejas dar una vuelta?


Creo que esa fue la pregunta que más repetí en mi infancia sin contar, claro está, la fase infantil del ¿por que...?.

Cuando bajaba a jugar con mis amigos al parque, por norma general al futbol, siempre había algún "listillo" que se bajaba la bici.

Daba igual a lo que estuviese jugando, entretenido o no, ganásemos el partido o no, en el momento en que veía aparecer por la entrada del parque, una bici (daba igual quien fuese encima) un resorte interior activaba mis propulsores hasta alcanzar Mach 2 y allá que iba el Ray, a toda pastilla para que nadie se adelantase, y plantarse frente a la bici para formular, sin apartar los ojos de las ruedas, la preguntita de marras.

Por norma general, la contestación era siempre una negativa. No me extraña, el pobre chaval apenas si había dado medio centenar de pedaladas y ya me tenía delante de él.

Cuando conseguía que alguien me dejase dar alguna vuelta con su bici, me sentía el Rey del mundo.

Hubo dos momentos estelares en mi vida persecutoria, que recuerdo nítidamente...

Antoñito, el de Paula, entra por la puerta de parque con una flamante ¡¡bici de carreras!!, regalo de sus padres por haber aprobado todas (nunca logré la bici por ese motivo)). Sin exagerar, aquel niño despedía reflejos dorados y plateados y un aura de brillante luz lo rodeaba, cuando hizo su entrada triunfal por la puerta del parque. Mach 2 se quedó en paso de tortuga, creo que alcancé Mach 4 por lo menos, no tiene otra explicación, pues me planté junto él y le formulé la pregunta muchísimo antes que el resto de los niños llegara a nuestra altura.

¡¡Vale, pero ten cuidado!!, esas fueron sus palabras, siempre fue muy buena persona. Por una milésima de segundo no supe que hacer, acostumbrado como estaba a la negativa, aquella respuesta me pillo desprevenido. Reaccione, subí a la bici, mire a mi alrededor y me pareció ver que los demás niños me miraban con una mezcla de envidia cochina y respetuosa admiración.
Fueron tan solo tres vueltas al parque, ¡¡siii tessoooroo, mi tesoro!!, pero fueron las vueltas más desmesuradamente acojonantes de mi vida.

Pepa, mi primera novieta, tenía bici (de chica). Aquello si que fue un Real triunfo, pues no solo me dejaba montar muy a menudo... le encantaba llevarme y que yo la agarrase por su cintura. La visión que tenía sentado en el sillín de una bici sin barra, mis manos asidas a sus caderas sintiendo el pedaleo en mis dedos, perturbaban mi ya perturbada existencia de casi adolescente.

Así fueron pasando mis (nuestros) años, corriendo detrás de una bici, para ser el primero en poder usarla cuando al dueño se le antojase.

Tras muchos años de intentos fallidos, por fin pude tener mi propia bici cuando estaba a punto de cumplir 16 años. Pero ya no era lo mismo, los chavales no corrían a mi lado para pedirme un vuelta, iban a mi lado pedaleando con su tercera o cuarta bici.

martes, 25 de diciembre de 2007

Los Reyes del Jefe


Siendo yo un niño criado al más puro estilo del antiguo régimen franquista (fascista), y por ser hijo de un trabajador del Servicio Geológico de Obras Públicas (una ramificación del antiguo Ministerio de Obras Públicas, el actual Fomento), pude ¿disfrutar? durante bastantes años del privilegio de "los Reyes del Jefe".

Así se llamaban, los Reyes del Jefe. No se cuando se instauró esa costumbre, pero si se, que cuando llegaban estas fechas, la agitación de todos los niños iba en aumento según se fuese acercando la fecha de la entrega de los anualmente ansiados regalos del JEFE.

Cuando llegaba el tan esperado día, los nervios de todos los chavales se reflejaban en nuestras caras. Brillantes y expectantes, alrededor de 60 o 70 niños esperando, en una enorme sala de conferencias, a que un encorbatado señor dijese el nombre de la familia y que, el primogénito, se acercase a ese mágico estrado para recibir los Reyes del Jefe.

En el instante en que, por megafonía, se oía la llamada a los integrantes de mi familia, alzaba mi cuerpo con un marcial y bien aprendido gesto, y encaminaba mis pasos hacia ese mágico estrado en el que aguardaba un paquete, envuelto con un "elegante" papel marrón, sonoro donde los haya.

Mi camino hacia el estrado siempre fue de lo más indeciso, no reprimía mis emociones, recogería los Reyes del Jefe, pero siempre me quedó la incógnita. Con el paso de los años, esos paquetes de papel marrón, se tornaron en una verdadera encrucijada para mi.

Resulta que... cuando encaminaba mis pasos hacia el estrado para recibir, como primogénito, los Reyes del Jefe para la familia, no iba de vacío, en mis brazos portaba un enorme paquete envuelto en un precioso papel con motivos navideños que ocultaba un verdadero lujazo de contenido, como regalo para el Jefe.

Evidentemente no eran juguetes, pero si recuerdo el "despliegue" de botellas, embutidos y latas que componían el regalo de Reyes de la Familia para el Jefe.

Muchísimos años después, en un arranque de "que cabrón" hice un ligero cálculo de aquel intercambio de regalos, durante al menos diez años...

El valor que un niño le daba en aquella época a un plumier de madera oscura (Los juegos Reunidos Geyper eran para los hijos de los que tenían el título de Señor Don), viene a equipararse con el valor que un niño, de hoy en día, le da a una consola de videojuegos (Si es que para ellos tiene algún valor). Más o menos, eran esos los regalos que recibíamos los niños.

A cambio, El Jefe, se llevaba un sin fin de paquetes, procedentes de todas la familias, repletos de botellas de vinos y licores, barras de chorizo, salchichón y demás pantagruélicos y exquisitos manjares, ¡¡que!!, quitábamos de nuestra despensa navideña para regalárselo.

¡¡¡Y.... el muy hijo de puta!!!.... se quedaba con todo.




domingo, 16 de diciembre de 2007

Zipi y Zape


Así nos llamaban, a mi hermano y a mi en el barrio. Si nos llamaban así, era porque hacíamos suficientes méritos para tener tan honorables apodos, cuidando, muy mucho, de no bajar la guardia para que no decayese nuestra bien reputada fama.

No había árbol que se nos resistiese, no había travesura en la que, alguno de los dos, no viésemos implicados.

Ni que decir tiene que, en lo referente al cole, eramos un fiel reflejo de los gemelos, aunque mi hermano y yo no lo seamos.

He de reconocer que el más activo de los dos, no era yo, como prueba quedan las cientos de cicatrices, de caídas, saltos, empellones y pedradas que tiene Zape.

Si alguien buscaba a Zape, o Zipi, no tenía más que alzar la vista y mirar en las copas de los árboles, o en lo alto de los muros, allí siempre estaba uno de los dos.

Si no nos encontraban por esas latitudes, no tenían más que dirigirse a la Casa de Socorro más cercana.