jueves, 14 de junio de 2007

De sufrimientos y afines

¿Se sufre en una jornada de pesca? SI.
El sufrimiento viene implícito con la suerte de ese día, si pican el sufrimiento es mínimo.

Se sufre ¡y de que manera! cuando pasan las horas y no ves movimiento en la caña, se sufre cuando después de hacer unos cuantos kilómetros, llegas al sitio y se entabla una tormenta, o el dios Eolo hace de la suyas. Se sufre cuando una sola picada se convierte en una enorme decepción ya que el pezqueñin es más pequeño que el cebo o que la posible captura se convierta en certera escapada y uno se queda mirando con boba expresión ese punto bullicioso del agua en el que ha desaparecido tu ansiada presa.

Pero cuando más se sufre es cuando un vecino, recién llegado al lugar en el que tu llevas horas, echa su aparejo al agua y en cuestión de minutos ¡ZAS! una Dorada de buen tamaño. Si, es entonces cuando te acuerdas de todos los dioses habidos y por haber, de sus padres y de familiares. De reojo, ves como tu vecino guarda su pieza. Le miras, le sonries dando a entender que le felicitas y él te contesta con una sonrisa y te pregunta: ¿y usted a pescado algo?, entonces con tan buen humor como te es posible contestas: No nada, he llegado cinco minutos antes que usted.

Sufres cuando regresas a casa con el zurrón vacío y alguien te pregunta: ¿Que has pescado?. Además este sufrimiento va en aumento, pues con el paso del tiempo la pregunta varia desde ¿ha habido suerte esta vez? a ¿Traes algo? o a comentarios de sarcasmo hiriente como: ¡menos mal que la cena ya está hecha, porque si tenemos que esperar que tu nos traigas pescado para cenar, vamos listos!.

Así que definitivamente el 95 % de las veces que uno sale de pesca es para sufrir sin ser masoquista.