martes, 25 de diciembre de 2007

Los Reyes del Jefe


Siendo yo un niño criado al más puro estilo del antiguo régimen franquista (fascista), y por ser hijo de un trabajador del Servicio Geológico de Obras Públicas (una ramificación del antiguo Ministerio de Obras Públicas, el actual Fomento), pude ¿disfrutar? durante bastantes años del privilegio de "los Reyes del Jefe".

Así se llamaban, los Reyes del Jefe. No se cuando se instauró esa costumbre, pero si se, que cuando llegaban estas fechas, la agitación de todos los niños iba en aumento según se fuese acercando la fecha de la entrega de los anualmente ansiados regalos del JEFE.

Cuando llegaba el tan esperado día, los nervios de todos los chavales se reflejaban en nuestras caras. Brillantes y expectantes, alrededor de 60 o 70 niños esperando, en una enorme sala de conferencias, a que un encorbatado señor dijese el nombre de la familia y que, el primogénito, se acercase a ese mágico estrado para recibir los Reyes del Jefe.

En el instante en que, por megafonía, se oía la llamada a los integrantes de mi familia, alzaba mi cuerpo con un marcial y bien aprendido gesto, y encaminaba mis pasos hacia ese mágico estrado en el que aguardaba un paquete, envuelto con un "elegante" papel marrón, sonoro donde los haya.

Mi camino hacia el estrado siempre fue de lo más indeciso, no reprimía mis emociones, recogería los Reyes del Jefe, pero siempre me quedó la incógnita. Con el paso de los años, esos paquetes de papel marrón, se tornaron en una verdadera encrucijada para mi.

Resulta que... cuando encaminaba mis pasos hacia el estrado para recibir, como primogénito, los Reyes del Jefe para la familia, no iba de vacío, en mis brazos portaba un enorme paquete envuelto en un precioso papel con motivos navideños que ocultaba un verdadero lujazo de contenido, como regalo para el Jefe.

Evidentemente no eran juguetes, pero si recuerdo el "despliegue" de botellas, embutidos y latas que componían el regalo de Reyes de la Familia para el Jefe.

Muchísimos años después, en un arranque de "que cabrón" hice un ligero cálculo de aquel intercambio de regalos, durante al menos diez años...

El valor que un niño le daba en aquella época a un plumier de madera oscura (Los juegos Reunidos Geyper eran para los hijos de los que tenían el título de Señor Don), viene a equipararse con el valor que un niño, de hoy en día, le da a una consola de videojuegos (Si es que para ellos tiene algún valor). Más o menos, eran esos los regalos que recibíamos los niños.

A cambio, El Jefe, se llevaba un sin fin de paquetes, procedentes de todas la familias, repletos de botellas de vinos y licores, barras de chorizo, salchichón y demás pantagruélicos y exquisitos manjares, ¡¡que!!, quitábamos de nuestra despensa navideña para regalárselo.

¡¡¡Y.... el muy hijo de puta!!!.... se quedaba con todo.