martes, 31 de julio de 2007

¡¡Qué picadón!!

Cuatro treinta y cinco de la madrugada, llevo ya unas seis hora sentado en mi silla sin apartar la vista de mi flotador con luz química.
Uso como cebo bígaro crudo, pues intento capturar el, para mi, preciado sargo. Un pez que lucha con tesón y que tiene una carne exquisita.
Sin previo aviso, como suele suceder, la barrita de luz química desaparece bajo las aguas. Rápidamente elevo mi caña para tensar el sedal y así clavar al pez. Se produce un tremenda tensión que amortiguo soltando hilo y comienzo a recoger. Los tirones del pez son salvajes, la caña se curva hasta el límite de su resistencia. Menuda pieza acabo de clavar y como tira el condenado, celebro para mis adentros mientras giro sin cesar la manivela de mi carrete.

Poco a poco voy acercando el pez a la orilla del pequeño espigón en el que estoy pescando y, poco a poco, voy minando la resistencia del animal. Cuando lo tengo cerca, alumbro con la linterna hacia el agua e intuyo una pieza de muy buen tamaño. Es entonces cuando el gozo me hace estallar en un ¡¡jooder!!. Nervioso comienzo a izar, ¡¡ya asoma... lo conseguí... Mierda...!!No hay jornada de pesca marítima en la que no me falle la dichosa Escorpa.
¡¡¡Si es que soy un pringaillo, oiga!!!